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La construcción celular
de las esponjas consiste en una capa externa de células de
recubrimiento y una capa interna de células flageladas o
coanocitos, llamadas también células de collar, que hacen
circular el agua a través del animal. Entre medio de estas dos capas
existe una multitud de células errantes o amebocitos, similares a
amebas, y estructuras esqueléticas de sustentación, a
menudo en forma de espinas duras y cristalinas que se llaman
espículas. La esponja se alimenta absorbiendo agua a
través de unos poros laterales de entrada que se llaman ostiolos y
la expulsa por una gran abertura que posee en la parte
superior, llamada ósculo. Cada célula flagelada o
coanocito posee una delgada membrana que tiene forma de copa
y que
rodea a un único flagelo. Estas células recubren grandes y
pequeñas cámaras, llamadas cámaras flageladas. Si estas
últimas están
presentes, entonces están interconectadas mediante canales, y la esponja puede acumular presión y
expulsar chorros de agua a grandes distancias a través
del ósculo. Este se trata de un mecanismo para
impedir la reutilización de agua empobrecida en oxígeno y
alimentos.
La
reproducción de las esponjas puede ser sexual o asexual. En el primer caso,
las esponjas suelen ser hermafroditas pero se fecundan las
unas a las otras. Los huevos y el esperma se unifican para
producir una larva que tiene capacidad para nadar y que se asienta
sobre una nueva superficie. La reproducción también puede
hacerse asexualmente, por medio de yemas internas que se
llaman gémulas, cada una de las cuales puede dar lugar a
una nueva esponja. Las esponjas tienen también especial interés para los especialistas en biología del desarrollo,
ya que son capaces de recomponerse a partir de sus
células separadas en una suspensión.
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